En estos tiempos difíciles educar a los hijos es una hazaña, sobre todo a los jóvenes, da pena y lástima ver muchos padres que están como desorientados, no saben encontrar el camino del equilibrio para no ser unos tiranos, pero tampoco no ser débiles y alcahuetes en la educación y dirección de los hijos.

 

El Señor en su palabra dice: (Eclo, 30)

«El que mima a sus hijos, después tendrá que vendarles las heridas y al oírlo quejarse se le partirá el corazón»
«Caballo sin amansar se vuelve terco. Hijo dejado a sus anchas se desboca»
«Se blando con tus hijos y te harán temblar»

Si bien es cierto tenemos la dicha que nuestros hijos son hasta donde se puede sanos sin vicios honrados, eso ya es bastante, pero es necesario e importante que nosotros les enseñemos a desenvolverse en toda las labores por que tarde o temprano les servirá de mucho, también a trabajar que vean que el dinero cuesta ganarlo que no es solo pedir y poner la mano porque si no se vuelven mantenidos.

Así como también atender y servir a sus padres, sin descuidar naturalmente sus estudios, trabajo o familia.

Caso contrario cuando nosotros seamos grandes y tengamos necesidad de ellos, nos acudirán, atenderán, cuidaran, servirán, que lo vamos a necesitar, no lo van a hacer, no porque sean malos hijos, sino porque no se les enseñó a tiempo.

Recordemos que no somos pilares de iglesia, y si no los dejamos bien encausados con buenos principios, enseñanzas y buena base religiosa les va a costar mucho en la vida.

 

Rolando Ruiz Mont.